Cómo vivir de la imagen

 

Desde que Louis Daguerre presentó su primera fotografía en la Academia de Ciencias de París, el 19 de agosto de 1839, muchas cosas se han transformado en el arte de diseñar y escribir con luz. Las primeras cámaras eran complejas instalaciones, que sólo un conocedor de sus partes, funcionamiento y técnicas podía manejar. Cuando se crearon los primeros equipos portátiles, la posibilidad de capturar imágenes del mundo quedó al alcance de todo el que tuviera recursos para comprar una cámara. El fotógrafo se convirtió en el experto a quien se acudía para que tomara las fotos especiales. Pero los recuerdos de las vacaciones o de los eventos familiares más íntimos podían quedar a cargo del flamante dueño de la cámara.

Hoy en día, tomar una foto se ha vuelto una práctica tan cotidiana como saludar a los vecinos o telefonear a un amigo. En buena medida, se debe a que podemos hacer todo lo anterior con un mismo dispositivo; desde que la cámara se integró al teléfono móvil, ya no hace falta esperar a una ocasión especial para tomar una foto; o quizá sea mejor decir que ahora cualquier momento puede volverse especial, por el hecho de preservar su imagen. Más aún, los programas de fotografía que se pueden descargar a cualquier smartphone de manera gratuita, y que permiten aplicar filtros y efectos, comienzan a desplazar el trabajo de diseñadores y editores de imágenes, al menos para las tareas más sencillas. Parece que los únicos servicios relacionados con la fotografía con potencial de sobrevivir son los que ayudan a imprimir fotos de Facebook o a crear objetos decorativos para lucir las fotos más especiales.

No obstante, sería incorrecto decir que las nuevas tecnologías y las redes sociales han sepultado todas las alternativas para vivir de la fotografía. Por el contrario, muchos fotógrafos profesionales se valen de Facebook o Instagram para promover su trabajo y gracias a ello han recibido ofertas de marcas y agencias publicitarias, para que colaboren con sus campañas. Otros han conseguido vender sus obras o han recibido apoyos, patrocinios y encargos para que continúen con su labor. Así como los álbumes que se pueden crear y compartir en las redes han sustituido a los tradicionales libros de fotos, también han facilitado la creación de los portafolios y muestrarios, que sirven a los profesionales para dar a conocer su trabajo.

Fotografia

La enseñanza de la fotografía es otra de las profesiones que parecerían amenazadas por los dispositivos y programas que facilitan la toma y edición de fotos. Sin embargo, el hecho de que la fotografía se haya vuelto una práctica tan familiar despierta la curiosidad por saber más de ella y desarrollar nuevas técnicas. Ha surgido un gran número de blogs que funcionan como talleres y publican tanto información acerca de técnicas profesionales, como consejos para sacar mayores ventajas de las aplicaciones del smartphone o los filtros de Instagram. Las escuelas tradicionales también subsisten, con la oferta de complementar el manejo de las nuevas tecnologías con la formación elemental que recibe todo fotógrafo. Así han logrado atraer a todo tipo de profesionistas que se iniciaron en la fotografía como un hobby, pero que han encontrado en ella una oportunidad para diversificar su carrera.

A casi doscientos años del primer daguerrotipo y después de muchos cambios en la forma de comprender el mundo, aún es posible vivir de la imagen.