¿Te hace falta un cambio de aire?

El fin de semana recibí una llamada telefónica que me dejó totalmente sorprendido. Uno de mis mejores amigos, a quien conozco desde la universidad, habló para decirme que acababa comprar un departamento en Querétaro. Al principio pensé que se trataba de un proyecto de inversión en bienes raíces, pero conforme avanzó la conversación entendí que no era eso; su plan consistía en mudarse a esa bella ciudad del centro del país.

No es que cambiar de casa y de ciudad sean eventos extraordinarios. Lo que despertó mi asombro es que mi amigo parecía tener su vida perfectamente organizada en esta capital. Ya es propietario de un departamento, en una zona que ha incrementado su plusvalía recientemente. Hace un par de años consiguió trabajo en una compañía por la que se había interesado desde que estábamos en la universidad. Y qué decir de su familia; su esposa tiene un negocio propio y sus hijos estaban en buenas escuelas, cerca de casa. En suma, tenía lo que podríamos llamar la vida perfecta. Entonces, ¿por qué la necesidad de un cambio de aires?

Como se imaginarán, nuestra llamada telefónica duró bastante y aunque no me atreví a plantearle una cuestión tan directa como la que acabo de mencionar, él mismo fue aclarando sus razones para tomar esa decisión tan radical. Y la verdad es que terminé por entenderlo a la perfección e incluso por preguntarme si no deberíamos mudarnos todos a Querétaro, o a cualquier otro lugar.

Resulta que adora su trabajo, pero a veces trasladarse a la oficina es una verdadera odisea, por los motivos que todos los habitantes de esta ciudad bien conocemos. A su esposa le iba muy bien con su tienda de alimentos orgánicos, pues logró combinar la calidad de su oferta con una excelente ubicación; desafortunadamente, la prosperidad económica de la zona también atrajo a la delincuencia y varios comercios vecinos ya habían sido víctimas de asaltos. Y esas preocupaciones por la calidad de vida y la seguridad los llevaron a preguntarse cómo estaban creciendo sus hijos. En casa y en la escuela tenían todos los cuidados y atenciones posibles; pero no podían darles plena libertad para jugar en la calle, como nosotros lo hicimos de niños, porque cuando no es la inseguridad, es la contaminación.

mudarse

¿Les suenan todos estos temas? Probablemente, y quizá también piensen, como yo, que si todos reaccionáramos como mi amigo, la ciudad pronto quedaría desierta. Si acaso quedaríamos los tercos, que por más caos y turbulencias que se desaten, no nos imaginamos viviendo en otro sitio. Pero si les comparto mi anécdota no es para exhortarlos a mudarse, o a dejar de hacerlo, ni para decir que nuestra ciudad ya no tiene remedio. A donde me llevó la reflexión fue a cuestionar los motivos que nos hacen desistir del cambio, ya se trate de una mudanza o de la búsqueda de un nuevo empleo.

Tendemos a operar conforme al dicho de que “más vale malo por conocido”, y es cierto que los contratiempos pueden surgir en cualquier parte; nada garantiza que el nuevo ambiente vaya a traernos sólo cosas buenas. Sin embargo, tampoco es conveniente concentrarse sólo en los obstáculos, ni aferrarse a las aparentes certezas que ya tenemos en un lugar o circunstancia. Con base en el caso de mi amigo, puedo decir que la clave está en atreverse, primero a investigar y planear, y luego a tomar decisiones.

Un buen día, mi amigo pensó que no perdía nada con averiguar si existía la posibilidad de que seguir trabajando para su compañía, pero en otra ciudad. Ya sabía que la empresa tenía varias filiales en el interior de la república y encontró que había una vacante para un perfil como el suyo en Querétaro. Siguió investigando, lo habló con su familia, planteó la cuestión a sus jefes y resultó que todos recibieron bien la idea. En menos de un mes él ya estaba organizando la mudanza y su esposa se preparaba para trasladar su negocio a internet.

Podríamos decir que a mi amigo “se le dieron las cosas” y que no todo es tan fácil. Pero, como les decía, el punto no es lanzarse sin más a lo descocido, a ver qué pasa, sino animarse, antes que nada, a considerar seriamente la posibilidad del cambio.

queretaro