Lo esencial no está a la vista

La industria en el mundo ha logrado un gran desarrollo, especializándose de formas que hace una década eran inimaginables.

Tomemos por ejemplo los teléfonos usados en las casa, las líneas fijas y los que ya pintan canas recordarán los teléfonos con un disco con el cual se marcaba el número al que se llamaría.

Gradualmente se fue cambiando a los aparatos con botones, hasta que finalmente los de disco, desaparecieron.

Los primeros teléfonos móviles tenían una pequeña pantalla gris con números y letras en negro. Pocos eran los que tenían algún indicador de color y años después, los teléfonos móviles son dispositivos sin teclas, que tienen una pantalla que muestra imágenes y colores nítidos.

En esta industria, los cambios fueron muy drásticos y visibles para todos.

Si hace una década le hubieran preguntado a personas al azar sobre lo que les gustaría que los teléfonos hicieran, la lista sería fácil de elaborar y mucha gente coincidiría en la opinión.

Si esta misma pregunta se hiciera hoy en día, las listas serían más pequeñas, sin embargo pocas de ellas coincidirían, debido a la gran especialización que se tiene hoy en día en cuanto a los usos de un teléfono móvil.

Puede haber dos o tres modelos que aparentemente son lo mismo, pero la tecnología que existe detrás de ellos puede ser extremadamente distinta y ser difícil de apreciar.

Pero esto no es privativo de las empresas que producen los artículos de mayor uso cotidiano, sino que dentro de la parafernalia de giros diversos que tienen la industria, las diferencias son cada vez menos obvias a la vista y se requiere un análisis más detallado para distinguirlas.

Recientemente tuve contacto con una empresa que fabrica y exporta equipo de construcción y uno de los ingenieros que trabaja en ella me comentaba acerca de lo complicado que puede resultar el envío de los equipos que ellos manejan.

Los envíos que realizan pueden ir desde grúas y grandes vehículos, hasta piezas que pueden ser pequeñas pero se envían en un gran volumen.

Si se tratara de zapatos, seguramente todo se resolvería con cajas de cartón, pero en el caso de esta empresa, se requieren embalajes muy especializados que deben elegirse cuidadosamente.

Tuve la oportunidad de visitar una de estas empresas y me quedó claro este punto cuando llegamos a una de las áreas de embalaje, en donde se colocan grandes bases de madera y otros materiales protectores, fijados con ayuda de flejadoras, que harían las veces de un cordel que amarra un paquete, pero cuando observé con detenimiento cómo lo hacían, me di cuenta que cambiaban de flejes al realizar el embalaje.

Al preguntar a los operadores, me comentaron que aun cuando los flejes son similares en apariencia, varían mucho en cuanto a su resistencia y propiedades, siendo algunos más apropiados que otros en ciertas situaciones.

Como lo dije, son aparentemente lo mismo, pero los distintos flejes son resultado de procesos de fabricación muy diferentes entre sí.

No se trata solamente de crear largas laminillas de acero, sino que también deben adquirir propiedades de dureza, flexibilidad o rigidez, ligereza o resistencia que solamente dependen de esa tecnología que no está al alcance de nuestros ojos.

En estos días, los cambios son menos visibles, pero van más allá de la imaginación y lo que nos corresponde es mantener esa capacidad de asombro que nos hace disfrutar de este mundo moderno.