El lado oscuro de los parques acuáticos

Uno de mis primos recientemente llegó muy emocionado de un viaje que realizó a San Diego, donde visitó diversos lugares de aquel condado. Incluso fue tanto su entusiasmo que lo descubrí buscando ‘house for sale in Mission Valley’, una de las ciudades que se encuentran en aquel lugar. Le cuestioné el porqué de su búsqueda y me dijo que quería vivir lo más cerca posible de SeaWorld, un parque acuático donde puedes disfrutar de shows de ballenas, focas y conocer muchas otras especies marítimas. La verdad es que yo no soy muy fan de estos lugares, pues considero que lastiman a los animales al tenerlos en cautiverio y privarlos de estar en su hábitat natural. Aunque en la página de internet de dicho parque mencionan que hacen todo lo posible para apoyar a las especies y rescatarlas, aún tengo mis dudas de que su intención sea buena y esto solo sea parte de una cortina para cubrir lo malo que hay dentro.

Hace algún tiempo vi un documental muy crudo y fuerte que relata la realidad de las orcas en los parques acuáticos, donde sufren desde deformaciones físicas hasta maltratos, incluso han sido marcadas como peligrosas por atacar a sus cuidadores, pero es comprensible, pues estas personas decidieron arrebatárselas a sus familias para tenerlas en cautiverio. En la filmación recopilaron imágenes de algunos de los shows que dan en estos lugares, los cuales se pueden encontrar por todo el mundo. Mencionan lo difícil que es nadar para ellas en estanques, que aunque parecen grandes para nosotros, son estrechos para estos gigantescos animales. El hecho de estar en espacios tan reducidos provoca que su aleta superior se deforme, lo cual también ocurre con la edad, pero en el estado de cautiverio en el que viven provoca que este proceso se acelere. Lo que ocurre es que la aleta se va curveando, perdiendo la rigidez que toman cuando nacen y se van desarrollando. Expertos coinciden que es normal, como dicen los cuidadores de estos lugares, pero añaden que no suele pasar a tan temprana edad.

Uno de los audios más fuertes que revelan en el documental es el de los lamentos de una cuidadora que realizaba shows juntos a los animales y quien fue devorada por uno de ellos. Por más que los alimenten y crean que se han ganado su amistad, por así decirlo, hay que recordar que son animales salvajes, con instinto de supervivencia y en cuanto se vena o se sientan amenazados, están dispuestos a atacar sin reconocer a alguien que quizá los haya cuidado de buena manera, pero que los separo de su familia. Ante estos hechos que se han presentado en varias partes del mundo, algunas orcas son señaladas como asesinas, pero insisto que los animales no tienen la culpa, la culpa es del hombre, quien cree sentirse Dios y puede decidir en la vida de un ser vivo que no tiene la capacidad de expresar su sentir y debe acoplarse a una nueva y ajustada vida. Lejos de los de su misma especia, con estrés por el ruido intenso y con malformaciones en su cuerpo.