El Relato de la Doctora

 Hace unos días conocí a una  doctora especialista en cuidados del pie diabético en uno de los mejores hospitales del país. Sin embargo, su trayectoria   fue una que la llevo por muchos lugares donde se forjo como medica antes de llegar a su especialidad en el pie diabético. Todos los médicos, antes de convertirse en la figura heroica que pasan por una rigurosa formación para poder después salvar las vidas de sus pacientes en el futuro y asegurar su bienestar. No obstante, esta formación es una distinta para todos los médicos dependiendo de cómo decidan cursarla.

Esta doctora,  se dedicó por muchos años a proveer servicios médicos de emergencia en traumatología en batalla, lo que significa que iba con ejércitos donde había zona de conflicto para atender a las victimas de esta pesada actividad llamada guerra donde las personas mueren de la peor manera en proporciones mayúsculas y donde la intervención medica es una que dictaminara la vida o muerte de los heridos. Esta doctora tuvo una amplia experiencia en esta rama de la medicina – medicina militar-  puesto a que paso ocho años en distintos puntos de medio oriente atendiendo, en algunos casos, a soldados de ambos lados, algo que también hacen muchos  médicos.

Durante su estancia en dicho lugar olvidado del mundo, ella opero su función con el ejército norteamericano en la Guerra del Golfo así como en la segunda Guerra de Iraq además de haber también operado en Afganistán durante dos años, aunque en aquel lugar su función fue distinta y bastante mas arriesgada. Durante sus primeras dos experiencias – en las guerras de Iraq- la función de esta doctora, en un inicio, era atender a pilotos heridos en una base aérea para después entrar en su misión mas compleja en las montañas afganas.

Según los testimonios de la médica, su experiencia durante la primera guerra iraquí fue un algo relajado puesto a que los pilotos regresaban con bien cada vez que salían, acortando siempre la brecha que les separaba de la victoria para sacar al tirano de su enemigo de Kuwait. Sin embargo, no todo fue tranquilidad, puesto que al menos una vez cada dos semanas atendía a pilotos heridos de helicóptero quienes se acercaban mucho mas a las líneas del frente, un número que aumento substancialmente en los últimos días de la guerra cuando se perseguía a los iraquíes a su propio país y a su propio terreno lo que significaba que sus baterías principales estaban mas cerca. En esta instancia de la guerra recibió también a cuatro pilotos en un día quienes fueron derribados y tuvieron que abortar con paracaídas.

Durante sus años en Afganistán, su labor no era el esperar heridos en una base, sino el ir con fuerzas especiales a buscar a terroristas en medio de las montañas y en cuevas. Este fue un relato fascinante, el cual me hubiera gustado haber grabado.

 

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