¿Cuándo cambiamos la llave por el plástico?

Mis padres me contaron que cuando eran jóvenes solían tomar agua de la llave, que antes no existía el servicio de agua a domicilio o los garrafones, que el líquido vital que salía por sus tuberías era muy limpio y nunca les sucedió nada. Pero que hubo ciertos momentos en el pasado que hicieron que la gente empezara a dudar de la calidad del agua que salía a través de sus llaves o grifos. En mi casa seguimos tomando de la llave y en un momento les diré cómo le hacemos, pero antes les quiero contar lo que mis padres me contaron sobre la transición de la llave al plástico o vidrio de los garrafones.

Me contaron que el primer gran momento que ocasionó que la gente empezara a dudar de la calidad del agua de la llave fue el sismo de 1985, donde muchas casas quedaron dañadas, así como sus tuberías, por lo que en algunas viviendas el agua ya no salía transparente sino como con tierra, color café o arena. Entonces la gente lo que hacía era hervir el agua, seguían tomando de la llave, pero ya con un poco de temor, otros mandaron a arreglar sus tuberías para no tener que perder tiempo hirviendo, pero hubo lugares donde el sismo no afectó para nada como en la casa donde vivían mis padres, por lo que siguieron tomando como si nada. Hasta que llegó el segundo momento que lo cambió todo por completo. En 1991, año en el que yo nací, hubo una epidemia de cólera, donde diversos medios culpaban a la calidad del agua que llegaba a las tuberías de las casas, fue el momento en el que a las refresqueras se les prendió el foco. ¡Es hora de vender agua embotellada!

Aprovechando el terror que se vivía en todo México empezaron a salir los primeros garrafones de agua potable, de la cual decían que estaba cien por ciento limpia; sin embargo, algunos estudios revelaron que esto no era del todo cierto, que tenía sus defectos de potabilización. Pero la gente la prefería que tener que arriesgarse a tomar de la llave y contraer cólera, pese a que pasados los años ya estaba controlada. El miedo se convirtió en negocio y con campañas publicitarias y una masificación de la entrega de agua a domicilio, la gente se olvidó de la llave.

En mi casa nunca se compró garrafón, quizá un par de años cuando estaba el boom de la epidemia, pero lo que hicieron mis padres fue mandar a revisar las tuberías, algo que hacen cada año sin falla, así como el tinaco y la cisterna, para que estén libres de baterías, además, conforme avanzó al tecnología añadieron purificadores a donde se podía. Si bien hemos invertido en arreglos, también somos de las personas que ha ayudado a que la contaminación por plástico no aumente, ya que es un material que es muy difícil de reciclar y que tarda demasiados años en desintegrarse para unirse a la tierra. ¡Hay que cuidar el medio ambiente y el planeta donde vivimos!